Las tímidas reformas económicas anunciadas hace algunos meses por la jerarquía gobernante en Cuba siguen sin materializarse al tiempo que crece el caos en la isla caribeña.
A raíz de las presiones internacionales lideradas por la Iglesia católica y el gobierno socialista español, el régimen de La Habana accedió a liberar, con cuentagotas, a algunos de los presos de conciencia existentes en el país, remanentes de la llamada Primavera Negra, cuando unos 75 disidentes fueron condenados a penas de hasta 20 años de prisión por actividades ilegales como ser periodistas o bibliotecarios.
Ninguno de estos prisioneros realizó actividades consideradas criminales, violentas o subversivas en el mundo civilizado.
De acuerdo a algunos de los liberados que ya se encuentran en España, estas liberaciones son una operación estratégica de los Castro, encaminada a dividir la llamada posición común de los países europeos, la cual eliminó cualquier favoritismo al gobierno de La habana hasta que no hayan acciones claras de respeto a los derechos humanos por parte de Cuba. España favorece reanudar las relaciones europeas con la isla.
Aplastada económicamente, con crecientes problemas sociales y sin ninguna posibilidad seria de desarrollo en el futuro, la Cuba de los Castro lleva más de medio siglo bajo el mismo gobierno. Los líderes principales de una revolución ya vetusta y que no cumplió ninguna de sus `promesas más importantes, tienen terror a un cambio que, de ocurrir, podría llevarles al banquillo de los acusados.
Sólo Cuba y Corea del Norte permanecen como regímenes anquilosados heterodoxos. El ejemplo de China ha sido seguido por Vietnam y laos donde a pesar de existir gobiernos unipartidistas que se autodenominan comunistas, han dejado florecer una importante economía de libre mercado que ha logrado hacer florecer a esos países.
Sólo en China la clase media ha llegado, en menos de 30 años, a unos 400 millones de personas. El comunismo está muerto, pero los gobernantes de Cuba o Corea del norte, empeñados en permanecer en el poder a toda costa, se niegan a aceptarlo. Mientras tanto ambos pueblos están aislados, padecen una miseria enorme y viven como si estuvieran en una cárcel grande.
Esta semana, el dictador de turno, Raúl Castro, anunció que se permitiría la creación de empresas personales nuevamente, como medio de atenuar las consecuencias de un posible desempleo en la isla, donde el 95% de la actividad económica está en manos estatales. La tímida medida ha sido considerada como aspirina para un cáncer. Castro reiteró que no habría reformas, matando así las ilusiones de quienes aspiran en el país a cambios económicos similares a los que ocurrieron en Vietnam o en China.
La mayoría de los observadores creen que el octogenario Fidel Castro es el poder detrás del trono y que no habrán cambios mientras el vetusto líder siga vivo. El precio lo siguen pagando los cubanos quienes más de medio siglo después de una revolución promisoria siguen viviendo en el atraso y la incertidumbre.
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