El gobierno cubano celebró este 26 de julio el “Día de la Rebeldía”, al conmemorar el 58 aniversario del ataque al Cuartel Moncada, realizado la misma fecha en 1953, acto que simbólicamente marcó el inicio del fin de la dictadura de Fulgencio Batista en la isla caribeña.
Sofocada por una crisis económica que comenzó en 1959 y que aún perdura, finalmente el gobierno comunista cubano parece reconocer la incapacidad del llamado socialismo para resolver las necesidades básicas de la nación.
Entre las medidas que se han promulgado está el permitir a los cubanos comprar y vender viviendas y automóviles, aunque no como negocio. Igualmente se ha permitido que los cubanos puedan abrir ciertos negocios y contratar empleados. Pero los pasos que está tomando el gobierno cubano siguen siendo vacilantes y sin una fundación sólida.
La interrogante sigue siendo si en realidad el Partido Comunista Cubano, único permitido en la isla, llegará a aceptar que el modelo socialista ha fracasado y que tal y como hizo China, el recurso para un desarrollo se encuentra en la economía de libre mercado.
No quiero imaginar a los comunistas ortodoxos, esos que se rasgan las vestiduras cada día por las “injusticias capitalistas”, mientras observan como China, o Vietnam y ahora Cuba, van soltando la ideología, cambiándola por la fórmula económica que ningún otro sistema ha podido superar.
El marxismo, surgido allá en al siglo XIX, ha resultado ser una de las falacias más grandes de la historia. Cuando Carl Marx desarrolló sus teorías predijo que la revolución socialista contra el capitalismo se produciría en las fábricas debido a la concentración de obreros. Tanto los rusos como los chinos se encargaron de demostrar su equivocación al realizar revoluciones con base en el campesinado.
Se le endilgó entonces a las teorías marxistas, las ideas del ruso Lenin y de ahí surgió el marxismo leninismo.
Impuesto a la fuerza en con la creación de la unión Soviética, el comunismo sentó sus bases en Europa del este debido a la ocupación soviética durante la II Guerra Mundial, y poco después triunfaría en China.
Irónicamente los líderes comunistas tanto de China como de la URSS, invirtieron sus esfuerzos en acusarse mutuamente de herejes por “mal interpretar” la ideología al tiempo que se dedicaban a tratar de conquistar lo que pudieran del resto del mundo. Hacer una lista de las intervenciones imperialistas del las metrópolis comunistas del siglo XX sería muy largo. Basta mencionar a Corea, Vietnam y otros países del sudeste asiático.
De hecho, la mayoría de los aspirantes a dictadores, especialmente en Africa y América Latina, usaron el comunismo como punta de lanza para llegar al poder, o en el caso de Cuba, perpetuarse en el poder.
En Cuba lo que comenzó como una rebelión de fuerzas populares en contra de un gobierno dictatorial, fue transformado una vez que Fidel Castro llegó al poder, en una “revolución socialista”.
Medio siglo después finalmente los jerarcas cubanos, parecen “descubrir” que el sistema “socialista” no puede resolver los problemas de la población y se lanzan a un experimento de libre mercado.
En el camino de la construcción del socialismo 10% de la población cubana está en el exilio, Cuba tiene un atraso enorme frente a otros países similares, y miles de personas han muerto tratando de huir, en cárceles, o en la lucha por derrocar a la dictadura.
Los resultados de este experimento están por verse. Lo que si está claro es que desde que se promulgaron las medidas miles de cubanos han abrazado con furor la idea del libre mercado, abriendo negocios y dejando de ser ovejitas del Estado.
Ahora hay que ver hasta dónde están dispuestos a llegar los jerarcas de La Habana en esta apertura económica al tiempo que se resisten a abandonar el poder.
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