Surgido como un movimiento de protestas contra las instituciones financieras responsables de la crisis económica por la que atraviesan los Estados Unidos, el movimiento de los indignados, conocido en ingles como “Occupy…”, se ha quedado en el limbo, sin realmente poder ofrecer soluciones.
Lo vimos surgir en New York, en momentos en que realmente hacía falta una contrapartida al “Tea party”, movimiento conservador y extremista, y luego extenderse a muchas otras ciudades nacionales y hasta en el extranjero. En Dallas, tuvimos oportunidad de conversar con algunos de sus integrantes constatamos la pasión y la energía que estaban poniendo en su causa.
Sin embargo, la falta de una estrategia racionalizada y de metas concretas, fue patente durante el diálogo. De hecho, tuvieron que dedicar más tiempo al acomodamiento con las autoridades municipales que a las acciones destinadas a buscar justicia.
El movimiento unió a gente de las más diversas posiciones políticas, razas, cultura y economía. Pero hasta ahora, les ha faltado el liderazgo y la forma de poder lograr los cambios que les motivaron. Es fácil hablar de justicia en términos generales. Lograr los cambios no lo es.
De la misma forma, nunca hemos visto coherencia en cuanto a lo que desean. Creo que la inmensa mayoría de los americanos aceptan que el sistema necesita cambios y que el capitalismo como tal no puede servir exclusivamente para beneficiar a los más ricos y poderosos. Sin embargo, un movimiento que no tenga claras sus opciones y bien definidas sus estrategias, está condenado al fracaso. Y esto es lo que parece que está ocurriendo con los indignados.
La crisis financiera que se extendió desde los Estados Unidos hasta el resto del mundo en pocos meses, tuvo sus raíces obviamente en el egoísmo de ciertos personajes poderosos que se creyeron por encima de la ley y del resto de la sociedad. Individuos con ingresos superiores a las 7 cifras, los cuales jugaron con el sistema. Mientras tanto, a pesar de las voces de alarma que se escucharon mucho antes de que el sistema colapsara, la Administración norteamericana se hizo oídos sordos, comenzando por La Reserva Federal y terminando por los funcionarios del gobierno a cargo de las regulaciones de la industria financiera.
El resultado ha sido, aparte de la crisis, que hasta ahora nadie está en la cárcel por lo que a todas luces fueron crímenes y peor aún, muchos de quienes estaban a cargo de supervisar y regular esas mismas transacciones comerciales, fueron premiados con puestos importantes en el gobierno.
Todos los que estamos debajo de la clase privilegiada seguimos pagando por los desmanes de unos cuantos que aún disfrutan de las ganancias que obtuvieron.
Creo que si el movimiento de los indignados se hubiera concentrado en exigir el castigo para los responsables de la crisis, habrían podido reportar victorias en beneficio de toda la sociedad.
Lamentablemente, sus demandas han sido demasiado vagas y generalizadas y poco a poco estamos viendo que desafortunadamente el movimiento está perdiendo el vigor inicial y no dudo de que en unos cuantos meses desaparezca del cuadro social del país. Una verdadera lástima, porque hoy como nunca, este país necesita de una revitalización que no se perfila dentro de ninguno de los dos partidos políticos tradicionales.
|