José Carreño Figueras
Los nuevos gobernadores de Oaxaca y Veracruz tomaron posesión el miércoles primero de diciembre cuando, afirman algunos, en Veracruz estuvo el pasado y en Oaxaca se veía al futuro.
El gobernador Javier Duarte asumió el cargo en Jalapa con la presencia de muchos elementos de la plana mayor del Partido Revolucionario Institucional (PRI), de su presidenta Beatriz Paredes al excandidato presidencial Roberto Madrazo y la sorpresiva presencia de Elba Esther Gordillo, presidenta del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y patrona mayor del Partido Nueva Alianza (PANAL), y José Murat, el polémico ex-gobernador oaxaqueño.
En la ciudad de Oaxaca, Gabino Cué Monteagudo rindió protesta ante un público formado por personalidades de los Partidos de Acción Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática (PRD), bases de la coalición electoral que lo llevó al poder.
Entre los asistentes estaban los gobernadores electos Javier Moreno Valle, de Puebla, y Mario López Valdés, de Sinaloa, productos a su vez de la coalición entre PRD y PAN.
Y tal vez no tan curiosamente ambos, como Cué, fueron miembros del PRI que lo dejaron como protesta y pudieron forjar alianzas electorales entre las representaciones regionales de dos grupos ideológicamente opuestos y donde hay fuerzas que se oponen a ese tipo de alianzas, que antes parecían sólo posibles con el PRI como eje.
En alguna medida que los nuevos gobiernos estatales de coalición hayan sido armados por antiguos priístas pone de relieve que por tradición es el PRI el partido de coalición por excelencia, aunque haya sido al integrar componentes disímbolos en su seno.
Pero el hecho de que tales fórmulas hubieran sido recreadas ahora por otros partidos, con tanto éxito relativo en principio, habla de una realidad distinta en el país, una en la que los gobernadores salientes ya no pueden ignorar sin riesgos los deseos de sus electores o imponer simplemente sucesores que las parezcan "seguros" o parezcan darles continuidad.
Pese a los reparos que grupos y personalidades tanto del PRD como del PAN han interpuesto a las coaliciones electorales, parecerían ser el único camino viable a seguir al menos para enfrentar con un cierto éxito para enfrentar la aún poderosa presencia del PRI en el país.
La idea de coaliciones electorales entre esos dos partidos ni siquiera posibilidades de planteamiento en lo que respecta a las elecciones de 2012, cuando se elegirá nuevo presidente y el retorno al PRI al poder parece probable, pero el que hayan comenzado a darse en elecciones locales puede ser una señal del futuro.
La política de coaliciones no es fácil, como demuestran los problemas para armarlas y las dificultades para mantenerlas, especialmente cuando los intereses de sus integrantes jalan en rumbos diferentes. Pero si como algunos creen ese es el futuro, vale la pena seguir con atención los experimentos que inician Cué, Moreno Valle y López Valdés.
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