El enrolarse en las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos es una opción que muchos jóvenes contamplan como buena por las ventajas y los beneficios que trae en términos de educación y otros aspectos.
Teóricamente, el ingreso en las Fuerzas Armadas es un gesto de patriotismo. Sin embargo, lo más importante de todo el proceso es que una vez que se entra al servicio militar cada quien está conciente de que la posibilidad de ir a la guerra, matar y morir, es parte de la propuesta.
Hay que destacar esos puntos a raíz de lo ocurrido esta semana con un soldado de origen nicaraguense. De acuerdo a El Miami Herald, El sargento Camilo Mejía, de 28, anos, un soldado de infantería de la Guardia Nacional, regresó con permiso de Irak y cuando le tocó su turno de volver a seguir cumpliendo funciones en ese país se negó, declarando que su "conciencia" no le permitía regresar.
Residente de Miami, Florida, con su familia, Mejía ha hecho declaraciones como "''Yo no estoy contra los militares. Los militares han sido mi familia''. Mis comandantes no son malos pero esta guerra lo es. Yo no entré en el ejército para ir al otro lado del mundo a ser un instrumento de opresión".
El joven nigaraguense, ni siquiera es ciudadano de Estados Unidos, sólo residente permanente.
Hay ciertas cosas que Mejía debía saber, especialmente después de tantos años en el ejército. Los soldados no tienen derecho a cuestionar las órdenes de sus superiores. La democracia como sistema político, permite y estimula que las ideas se expresen en las urnas electorales, pero como soldado, tiene que obedecer órdenes. Mejía y miles como él forman parte de un sistema en el cual el ingreso a las fuerzas armadas es voluntario. Nadie le obligó a ser parte de una institución cuya primera función es la de hacer la guerra cuando el Presidente del país y los órganos legislativos, lo estimen conveniente.
Mejía, por tanto, es un desertor y merece ser juzgado por un Consejo de Guerra militar.
De aquí los jóvenes hispanos, especialmente, pueden sacar una lección. No entren al ejército simplemente a buscar los privilegios y las ventajas que las Fuerzas Armadas ofrecen a sus integrantes. Este no es un jamón sin hueso. El paquete no viene con opciones.
La conciencia del sargento Camilo Mejía es muy conveniente: cuando miles de sus camaradas se enfrentan a los ataques de los elementos radicales y terroristas en Irak, Mejía escoge quedarse en casa y ser muy "conciente" para salvar su pellejo. Eso debió pensarlo en el momento en que se enroló en las Fuerzas Armadas. Ahora, debe enfrentar las consecuencias.
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