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Posted on 06/04/2004 12:06 AM EST
Inmigrantes: ¿"Ni de aquí ni de allá"?

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Fernando Zapata
cfzap@lycos.com
La frase es la primera que surge de los labios de cualquiera que se refiera a los inmigrantes mexicanos, sobre todo los que llevan muchos años viviendo en Estados Unidos.
Otras palabras que saltan a la mente son: "pochos", "gabachos", y mi favorita: "coconuts" o "cocos".
¿Qué es un "coconut"? Según los chicanos, es un mexicano o mexicano-americano que reniega de sus raíces hispanas. Un paisano que se identifica más con los gringos. Que hubiera preferido nacer gringo.
O sea, son como los cocos: Blancos por dentro, pero prietos por fuera.
Y claro, la palabra más socorrida: "malinchista". (Ah, como han habido lectores que les encanta restregarme el término en sus e-mails. Sobre todo cuando tengo la osadía de mencionar que los gringos puedan tener alguna virtud. Por muy escondida que sea).
Como sea, la idea es esa: Una persona que nació en México, o cuyos ancestros nacieron en México o en Latinoamérica, pero que su vida está marcada por el hecho innegable de vivir en Estados Unidos.
Para estos "transplantados", México, Centroamérica o Sudamérica les son lugares familiares, entrañables... pero lejanos. Casi siempre sitios vacacionales. O sea, algo de no todos los días.
Ah, cómo nos caen gordos a los mexicanos esas gentes. Por eso tenemos tantos insultos para ellos, ¿verdad?
Y ni en sueños nosotros pensamos en ser así, por favor, ni Dios lo mande. Eso sería lo peor.
Podremos creernos franceses, eso sí es 'chic'. O incluso rusos, o canadienses. Se tolera. Es de gente que tiene clase. Incluso podemos ir a España y agarrar el acentito (sin el ceceo, como Hugo Sánchez, claro. Eso cae mal), y nadie dice nada.
O incluso podemos ir a Cuba o a Venezuela y regresar contagiados de sus modos, sus acentos, sus costumbres, y nos lo celebran en México. Eso sí se vale. Ah, y claro, si volvemos contagiados de sus ideas políticas, mejor. Entre más izquierdistas, más nos alaban. Eso significa que somos inteligentes, que somos personas íntegras, estudiadas. Es un testimonio a gritos de que nuestra mente no se compromete, que no nos dejamos influenciar por "penetraciones extranjerizantes". (??)
Ah, pero cuidado si se nos ocurre agarrar cualquier modo o costumbre de los gringos, porque entonces ya la fregamos. No importa que uno haya vivido o trabajado en Estados Unidos varios años. No importa que uno tenga familia en Gringolandia, hijos, amigos. No importa que casi todos los mexicanos tengan parientes que envían remesas a sus familias en México. No: Estados Unidos es la peor influencia para el comportamiento de uno como mexicano.
No importa que la música que se escuche en México sea gringa. Ni que los programas de TV, las películas, los libros, los videojuegos, y el 90% del entretenimiento que compran los mexicanos sean gringos. Ello no significa que estemos invadidos. Pero si uno se atreve siquiera a defender un punto de vista americano, todo mundo lo ve feo. La gente deja de tomar su Coca-Cola, deja de morder sus Cheetos y nos mira como diciendo: ¿Y este malinchista?
Es una contradicción que todos tenemos. Una de las muchas que caracterizan al mexicano. Yo reconozco que la tengo (o la tuve, al llegar a vivir en Estados Unidos por vez primera).
Lo peor de todo es el proceso que nos lleva a cambiar. A darnos cuenta de lo tonto que es, sobre todo para un mexicano. De todos los países del planeta Tierra, quizá los mexicanos y los norteamericanos somos los que más influencia tenemos entre nosotros mismos, desde dentro. Y a ninguno de los dos nos gusta reconocerlo.
Cuando yo llegué a vivir a Estados Unidos aún tenía frescos mis "principios" como mexicano. O sea: Todo mundo que vivía en Estados Unidos era pocho, o entreguista o malinchista. Todo lo que los paisanos hacían aquí (inmigrantes de muchos años) estaba mal, o por lo menos era "raro". No, en México no se hacen las cosas así, decía. Por ello, necesariamente, lo que los hispanos y mexicanos de Estados Unidos hacían tenía que estar, si no mal, por lo menos no tan bien.
Las estaciones de radio eran peores que en México. Los periódicos, los canales de TV, las revistas... Nunca eran "tan profesionales" como en México.
Eso fue hace años.
Tuve que adaptarme a mi nueva vida, aunque nunca dejé de añorar "lo bueno" que se había quedado "allá".
Hace un año desapareció mi estación de radio favorita en español en Estados Unidos: Radio Única. Era un concepto nuevo, radio hablada en español, con programas de comentario, noticiero, consejos, análisis político y económico y programas deportivos. Era mi salvavidas a la hora de manejar al y del trabajo.
La empresa quebró y cerró. "¿Y ahora qué voy a escuchar?", me dije. Como siempre me gustó oír radio en México, Radio Única era lo más parecido a aquellos programas que añoraba. Busqué en el cuadrante por sustitutos, y nada: Puros programas de burla, con groserías y música de tambora.
Luego, la revelación: ¡Radio Fórmula había comprado la estación donde había estado Radio Única! Con entusiasmo, la sintonicé desde el primer día.
Ahora sí, los paisanos van a saber qué es una radio profesional y verdadera, me dije. Como en México.
Oh, decepción...
Lo primero que noté fue que los noticieros se aferraban mucho en información de México. Del DF. Nada de Estados Unidos, y lo que había, era por encimita. Untadas.
Eso sí, mucho López Obrador. Mucho Fox. Mucho Rosario Robles. Mucha Asamblea Legislativa del DF.
Mucho Jorge Castañeda (en sus tiempos). Mucho Carlos Ahumada, con sus videos últimamente.
Huelga decir que Radio Fórmula no duró mucho en mi lista de preferencias. Ahora trato de sintonizar Univision Radio. Y dejé en el olvido a los profesionales de Radio Fórmula. Aunque les manden saludos a sus radioescuchas en Texas.
Como radioescucha, necesito saber de temas importantes para mí: Política de Estados Unidos. La guerra de Irak. Inmigración. Leyes que aprueban en el Congreso, no desde San Lázaro, sino desde Capitol Hill. Me importa más lo que dice o hace el gobernador de Texas que el del Estado de México.
Vaya, hasta lo que hace el gobernador de California, Arnold Schwarzenegger es más importante para mí que lo que hace el gobernador de Tamaulipas, mi estado natal.
¿Me estaré volviendo malinchista? ¿Entregado? ¿Coco?
"¿Ni de aquí ni de allá?"
Siete años en Estados Unidos han hecho su mella, lo reconozco. Y sé que cuando voy de vacaciones a México mis familiares y amigos se encargan de hacermelo ver indignadísimos: ¿Cómo es posible? Acuérdate que eres mexicano, por Dios. No debes olvidar TU PAÍS. Si los gringos son esto, son aquello, mira, qué no entiendes...
Soy mexicano. Mi país de nacimiento es importante. La gente que dejé allá. ¿Pero qué me está pasando?
El único consuelo es que no estoy solo. A lo largo y ancho de este "monstruo" (o imperio, o super-potencia, o como le quiera llamar) hay alrededor de 40 millones de hispanos (inmigrantes, pochos, mojados, como le guste) que pasan o están pasando por ese mismo proceso. La vida aquí les impone sus necesidades. Sus aspiraciones cambian. Y no son siempre, necesariamente, las del paisano que se quedó allá, en México o Latinoamérica.
Univisión Radio sacó nuevos programas de comentario. Y otra estación local también. Nuevos noticieros. Y sí, dan cuenta de lo que pasa en México, pero desde la perspectiva de los que estamos acá. Con nuestras opiniones, con nuestros defectos, con nuestros prejuicios.
Porque, sin llegar a ser "cocos", he de reconocer que "a donde fueras... ni modo".
¿"Ni de aquí ni de allá"? Para nada. "De allá, pero viviendo aquí".
El otro día llegó un sudamericano por estos lares. Se presentó, muy formalito y todo. Un profesionista en Comunicación.
¿Su primera impresión de los medios de Dallas? Arrugó la nariz: "No les llegan a los de mi país".
Luego soltó un sermón sobre las maravillas que se hacen "allá", y cómo podríamos mejorar nosotros si aprendieramos de "ellos". Lo primero: Cubrir más notas de Sudamérica.
Sonreí. Esa clase de opiniones se curan. Es sólo cuestión de tiempo.

E-mail: cfzap@lycos.com

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